Was Passing This Way, reseña de la serie de Netflix (2022)

Cuando el dicho de que “no es oro todo lo que reluce” se lleva a un extremo completamente angustioso y perturbador, es posible caer en lo predecible o en el cliché. Pero aún dentro de unas premisas tan básicas, podemos toparnos con suculentas historias que nos atrapan pese a cualquier letra pequeña o pero. es el caso de “Él pasó por aquí”el último trabajo del cineasta británico-iraní Babak Anvari para Netflix, donde en un intento de darle a su filmografía un cierto giro Jordan Peele, decide aventurarse en un ejercicio narrativo lleno de denuncia racial, ataques a las élites y mucha tensión argumental .

Con un sencillo planteamiento a priori (que permite, eso sí, una fácil gestión de su desarrollo), Anvari nos presenta la historia de dos jóvenes londinenses (Toby y Jay), convertidos en una suerte de libertadores del graffiti con encantos a lo Banksy, dispuesto a instruir a los nobles británicos y fastidiarlos con su característica marca de agua en las paredes de sus lujosas casas. Pero no por simple, el planteamiento de la película se libra de tener sus giros argumentales impredecibles, propios de cualquier thriller que se precie, pues este juego de vigilantes juveniles se volverá muy inquietante y temerario cuando uno de los integrantes de este dúo de campanas de petirrojo abre la caja del trueno y descubre algo que nadie en su sano juicio querría descubrir.

“Él pasó por aquí” También es la excusa perfecta para que muchos nostálgicos se reencuentren con Kelly MacDonald (¿quién no se enamoró de ella en Trainspotting?), en esta ocasión en la piel de una psicóloga y madre soltera, abrumada por la vida y que poco a poco comienza a entender mejor a su hijo postadolescente a partir del trabajo que desarrolla con uno de sus pacientes, logrando así que poco a poco su peso en la trama gane en relevancia y carácter y así llegue a su versión final en “madre coraje” formato. Pero si alguien salva los muebles desde el punto de vista actoral es sin duda el mítico Hugh Bonneville, interpretando a un coco contemporáneo, con mucho poder para abusar y entregando un papel vomitivo y despiadado que sale de mil atolladeros gracias a saber todos ellos y conociendo la justicia de buena mano (aunque es incapaz de ocultar su verdadera esencia, iracunda y espeluznante, en una macabra historia al ritmo del segundo acto de El Cascanueces).

Si hablamos de la música que enmarca esta turbia y lúgubre historia, la brillante mano de Isobel Waller-Bridge (en realidad, la hermana de la buena Phoebe), tomará parte de manera especial en las secuencias más agitadas de la película -salvo por el uso impecable de “Everybody Wants To Rule The World” de Tears For Fears-. Por su parte, Anvari comete el ligero desliz de querer abrir demasiados melones en muy poco tiempo -el tratamiento de la salud mental, la precariedad laboral juvenil, la presión de los padres sobre el futuro de los hijos, las crisis migratorias o el tráfico de influencias- dejando a muchos de finalmente como simples pinceladas en el contexto general de la historia. Respetable intento, sin embargo, de abrir un hueco dentro de esta ávida colección de cintas que en los últimos años han jugado su correspondiente papel como pertinente llamado de atención a la conciencia del sistema.

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