Marcelo Gantman: “El ojo humano en el fútbol siempre es lo primero, los datos no reemplazan el proceso humano”

Quizás como ningún otro especialista en Argentina, Marcelo Gantman sabe unir áreas que hasta hace poco se creían separadas, como el deporte, la tecnología aplicada al juego, la interpretación de estos datos, las nuevas audiencias y el periodismo tradicional. Fuente de referencia para varias organizaciones y clubes, no solo en Argentina, Gantman acaba de publicar El fin del deporte como lo conocíamos, un libro que trata sobre “los aficionados, el consumo y el rendimiento en la era de la tecnología y el big data”. No solo se puede descargar gratis en elfinaldeldeporte.com.ar: también es otra forma de entender el próximo Mundial.

–Carlo Ancelotti, técnico del Real Madrid, decía esta semana: “Tenemos muchos datos y los tengo en cuenta pero solo pueden confirmar lo que ven mis ojos. Si veo que el jugador está cansado y los datos dicen lo mismo, el jugador descansará. Si veo que el jugador está bien, y el dato dice que está cansado, el jugador jugará». ¿Sería la lectura “primero el ojo humano y luego los datos”?

–El ojo humano en el fútbol siempre es lo primero y ese es uno de los prejuicios que existen con el uso de los datos: asumir que están ahí para sustituir cualquier proceso humano. Eso sería un mal uso de los datos. En un pasaje del libro, Matías Conde, analista de datos de fútbol, ​​dice que “los datos son un 80% para contar cosas que ya sabíamos y un 20% para descubrir cosas que no sabíamos”. Es decir, el dato está en un mayor porcentaje para confirmar situaciones, solo que ese recurso no existía hace unos años. La percepción de Ancelotti es correcta y sabia. Los datos deben servir para aprender más sobre lo que ya se sabe; añade la razón a los diferentes escenarios que ofrece el fútbol como juego.

–Es como si el libro preguntara si la tecnología y los datos pueden ganar juegos. ¿El fútbol -entrenadores, jugadores, dirigentes- acepta que la respuesta a esa pregunta sigue abierta?

–El fútbol es un deporte tan aleatorio que contiene dos conceptos que parecen contradictorios, pero que reconocemos como válidos: “cualquiera le gana a cualquiera” y “los mismos siempre salen campeones”. Lo que pasa es que a veces cualquiera le gana a cualquiera, y en general siempre ganan los favoritos. Es difícil precisar por qué se gana un juego. Pero tiendo a pensar que ahora la tecnología y los datos son parte de esa serie de cosas concretas, y otros intangibles, que hacen posible que un equipo gane partidos y sea virtualmente campeón. Esa es la novedad, como en otro momento fueron la alimentación, la dirección, las novedades tácticas, el descanso y la psicología como herramienta para mejorar la química interna de la plantilla.

La portada del nuevo libro de Gantman.

–Reproduces otra pregunta habitual del entorno, «¿Me aseguras que con esto vamos a ser campeones?».

–La pregunta remite a un lugar común de los clubes de fútbol en Argentina: si vale más gastar en la compra de software, la membresía a una plataforma de scouting o el uso de GPS que destinar ese dinero a un refuerzo del plantel. Las distintas áreas que conforman un club o un equipo tienen claro que la incorporación de tecnología trae beneficios. En consecuencia, la pregunta todavía se hace, pero cada vez menos.

–El VAR es la mayor innovación tecnológica en el fútbol de los últimos años –o de la historia– pero se sigue viendo más como una interferencia que como una solución. ¿Es un resumen de un matrimonio difícil?

–La tecnología en el deporte para definir situaciones tiene que ser inapelable y transparente. En pocos lugares están presentes ambas condiciones al mismo tiempo. Por otro lado, los cuatro criterios para aplicar el VAR son confusos y los mercados económicamente pobres se quedan sin uno de los elementos vitales para dar credibilidad a la herramienta: mostrar lo que pasó en las pantallas de los estadios. Además, no todos los VAR son iguales: hay diferentes proveedores y estándares de la tecnología utilizada. El fútbol argentino utiliza las mismas cámaras de televisión. Es un VAR a medio camino de la precisión que se desea.

–Dentro o fuera del campo, cada Mundial tuvo un cambio tecnológico, aunque algunos no se han mantenido, como el fútbol 3D de Sudáfrica 10. En Qatar, en el juego, la novedad será el fuera de juego milimétrico. ¿Será el Mundial de streamers?

– El 3D ni siquiera era para películas en los cines. A veces los cambios tecnológicos ocurren porque era posible generarlos, pero luego se descubre que no sirvieron para nada. No aportó nada al fútbol. El sistema de fuera de juego semiautomático será la gran novedad. Es un sistema más parecido al Goal-In introducido por la FIFA en Brasil 2014 para determinar si el balón pasó o no la línea de gol. El dispositivo será automático, pero repito: los criterios de aplicación los llevarán a cabo los árbitros del VAR. El Goal In es lo que la FIFA llama tecnología “en blanco y negro”: es un gol o no lo es. No hay discusiones. EL VAR está lleno de grises y el sistema de fuera de juego también puede estarlo. Fuera de la cancha, sin duda, será la Copa del Mundo para streamers y creadores de contenido. Serán el gran atractivo de todo el contenido complementario de la Copa Mundial, que en realidad constituye la mayor cantidad de horas de contenido que consumimos.

–Las nuevas generaciones de aficionados ya no ven un partido completo. ¿Será la Copa del Mundo una excepción?

-La Copa del Mundo ocupa una ventana de tiempo corta pero intensa. Podría ser una excepción con respecto al fútbol cotidiano, que para las nuevas generaciones representa una especie de “mercancía”, donde si no lo miran al momento, no hay sensación de “me perdí de algo”. Pero en el Mundial también habrá comportamientos que ya son comunes incluso para las generaciones mayores: compartir la atención con otras actividades, como publicar en redes y revisar lo que escriben los demás para ver si sus pensamientos coinciden con lo que estamos viendo. El espectador totalmente absorto en el juego ya no existe.

–¿Merece la pena la llegada de los streamers por la novedad o porque suponen un verdadero cambio?

– Bien por los dos. Hay novedad y hay cambio. Con el tiempo veremos cuánto de ese cambio permanece y se institucionaliza. Se trata de nuevas plataformas, lenguajes, relación con la audiencia e incluso vínculo transaccional con marcas y con seguidores. La gran cantidad de periodistas tradicionales que ahora buscan abrirse camino hacia las nuevas plataformas es una señal de éxito para los streamers. Además del miedo a no ser relevante si no lo hacen.

–Usted escribió: “Esta es la era de los documentales. “No veo carreras de Fórmula 1, pero soy fanático de Conducir para sobrevivir‘tiene su explicación en Netflix y en la buena lectura de la F1 para los nuevos tiempos’». ¿Pasará en otros deportes?

–Varias organizaciones deportivas buscan su Conducir para sobrevivir junto a Netflix, especialmente deportes individuales como tenis y golf. De hecho, ya están produciendo sus series con el mismo tipo de contenido y con las mismas productoras. Lo de la Fórmula 1 fue un éxito total: la serie creó nuevos aficionados a las carreras que antes no seguían el “deporte real”. Replicarlo puede ser difícil, pero lo intentarán.

-Usted dice que la Generación Z no tolera organizaciones deportivas rígidas que castiguen la posibilidad de expresarse. Y cita a Naomi Osaka, Lewis Hamilton, LeBron James, Colin Kaepernick como atletas del siglo XXI que no solo hablan de deportes. ¿Pasa eso en Argentina? ¿Nuestros atletas no están restringidos al deporte?

-Estos deportistas tienen más audiencia acumulada que los medios. El peso de sus palabras golpea de inmediato. Lo que veo, a riesgo de equivocarme, es que son voces de demandas sociales que no están atrapadas en disputas políticas. Lo que no quita que, en el caso de los deportistas norteamericanos, la mitad del país no se vuelva contra ellos por apoyar sus posiciones. Pero cuentan con el apoyo de sus seguidores para asumir ese riesgo que implica la alta exposición. Lo que también pasa es que sus reclamos luego son respaldados institucionalmente: el movimiento Black Lives Matter tuvo sus voces en LeBron y Naomi Osaka pero luego fue respaldado por la NBA, la MLS e incluso hubo una suspensión de días en el tenis. Hamilton como piloto de F1 encontró apoyo fuera de su actividad: en la Premier League. En Argentina hay dos situaciones: los deportistas que no se inscriben en un sector político, sea el que sea, se quedan solos a la hora de fijar posiciones sociales que no necesariamente deben ser políticas. Y enfrentar mensajes agresivos en redes es un camino que prefieren no transitar.

-En el ataque a Cristina, entre otros ejemplos de convulsión social, los deportistas apenas se expresaron en redes. Pero sí los clubes. ¿No hay otra diferencia allí con lo que pasa en el resto del mundo?

-Lamentablemente, el ataque a la vicepresidenta quedó atrapado en la lógica tóxica del clima político y esa situación nos hizo perder de vista la gravedad del hecho. Una de las consecuencias fue interpretar el atentado como un ataque a un sector y no a la democracia como sistema. Interpreto que muchos deportistas no se pronunciaron por miedo a quedar atrapados en esa dinámica. Es importante que instituciones como los clubes se hayan manifestado. Mejor hubiera sido saber que detrás de sus publicaciones también estaba el sentir de sus futbolistas. «

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