‘Los de la última fila’ (2022), crítica: Una competente serie de Netflix entre un anuncio de Estrella Damm, un videoclip de Rigoberta Bandini y un drama millennial bien resuelto

Es curioso que Netflix haya decidido estrenar ‘Los de la última fila’ a finales de septiembre cuando se trata, clarísimamente, de una serie pensada por y para el verano, cuando, con el cerebro más chamuscado y algo derretido, podemos pasar por alto un arranque que parece querer emular las historias de Instagram y el anuncio de Estrella Damm de turno añadiendo un toque macabro, y que sólo al final acaba mostrando una humanidad que ella por alguna razón, se nos niega la primera mitad de la temporada. Bienvenidos a este viaje de reencuentro, amistad, amor, sexo, drogas y cáncer.

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Voy a admitir dos cosas de entrada: la primera, que aunque empecé muy escéptico sobre la capacidad de Daniel Sánchez Arévalo para escribir personajes femeninos, Terminé llorando y me costó dejar ese grupo de amigos. La segunda, que esto no impide que la serie sea uno de los mas irregulares de los últimos años, que tan pronto presenta a los personajes como pijos a los que todo les sale bien como es capaz de innovar con la narrativa de forma inesperada.

El punto de partida de ‘Los de la última fila’ da un giro al cáncer que tiene uno de los cinco amigos: La idea es que el espectador haga sus conjeturas e intente adivinar quién es, algo con lo que admito que tuve algunos problemas morales. No es un misterio lúdico a lo Agatha Christie o ‘Puñales por la espalda’, sino algo mas incomodo y con lo que el whodunit no es nada divertido ni comodo. De hecho, es una excusa para convertir la serie en puro porno emocional a medida que se acerca su episodio final.

la última fila

‘Los de la última fila’ tiene un target muy definido: personas que disfrutan de Rigoberta Bandini, la vida perfecta de Instagram, anuncios de cerveza de verano, festivales de música indie y planes con amigos en la playa. Eso no quiere decir que no esté abierto a otro tipo de público, claro, pero es probable que haya gente que apague la televisión. frustrado por una colección de bromas mal formadas y amistades tóxicas inexplicables que en los primeros tres episodios no terminan de empezar. Luego, por suerte, la serie encuentra su propio tono.

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Cuando comienza la serie, eres un extraño para este grupo de amigos que no deberían serlo e incluso pueden ser desagradables. De hecho, su plan es atípico, respondiendo a meros estereotipos: la casada, la lesbiana, la izquierda, la perfecta, la influencer… Pero poco después, y de forma sutil (a veces) introduce cambios en su recorrido hasta que no tienes más remedio que sentirte parte de esa pandilla. Una pandilla rota, llena de gente que no encajapero pandilla después de todo.

La última fila 2

El problema es que Sánchez Arévalo, que nunca se ha destacado por lo bien que escribe sus personajes femeninosno se aplica la regla de hablar de lo que se sabe y se mete en territorio desconocido del que sale regularmente. ‘Los de la última fila’ carece de una reescritura femenina que entienda a este colectivoun poco menos de grandilocuencia y más naturalidad: lo que logró sin problemas en la genial ‘Primos’ o la divertida ‘Diecisiete’ aquí es un tour de force en el que el espectador se da cuenta por dónde quiere llegar, pero también que no acaba de llegar. saber cómo hacerlo.

Al final, y sólo al final, la serie juega con su propia narrativa en su mejor episodio, pero puede que ya sea demasiado tarde para unos espectadores cansados ​​de una propuesta que no termina de arrancar hasta que es demasiado tarde. Sin embargo, el episodio final deja tan buen sabor de boca que en el fondo es normal. pensando en una segunda temporada en la que volver a encontrarlos y ver lo que ha sido de sus vidas.

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A lo largo de la serie, los protagonistas van revelando pruebas para hacer en grupo como una forma de unirnos más contra el cáncer, y aunque al principio son casi un estorbo que los aleja de la trama principal, terminan desembocando en un final más que digno. Quizás algunas de estas pruebas están demasiado retorcidas para encajar en el guión, y algunas exigen más de la pandilla que otras, pero Es una razón para seguir viendo episodios. (“A ver qué sale ahora”) en un momento en el que nada más anima a hacerlo más allá de su macabro misterio.

Al final, ‘Los de la última fila’ es una producción fallida y una de las peores obras de Sánchez Arévalo, a quien le cuesta entender a sus propios personajes e insiste en crear una narrativa feminista desde la perspectiva masculina, un ejercicio un tanto extraño que, lamentablemente, no termina de funcionar. Eso sí: el grupo de amigos se vuelve más creíble y más fuerte a medida que pasan más episodios, cada personaje evoluciona y tiene su propio camino y al final descubres que estás emocionado por una llamada telefónica sobre tostadas francesas. El costumbrismo cañí siempre funciona.

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‘Las de la Última Fila’ empieza como el anuncio de Estrella Damm de este año, incluyendo una canción indie, pero acaba siendo una serie con personalidad propia para todos aquellos que tengan paciencia como aguantar a un grupo de amigos tan festivo como absolutamente tóxico, tan ficcional como real, tan poco dialogada como bien estructurada. ¿Quieres recordar ese verano que nunca tuviste? Si te da flojera abrir Instagram, Netflix tiene la serie para ti.

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