Covid-19: implicaciones del pinchazo de la burbuja pandémica | Finanzas | Economía

A fines de 2022, la economía global enfrenta la inquietante combinación de inflación que aún no ha disminuido y una desaceleración que casi con certeza se convertirá en una recesión.

Lo habitual es conectar la ralentización con el cambio de régimen monetario de la Fed a partir de enero, poniendo fin a la era de “dinero gratis ilimitadotras confirmar que la inflación no fue un fenómeno pasajero.

(Ver: ‘El fin de la pandemia está a la vista’: director de la OMS).

Al mismo tiempo, el ajuste monetario es una causa directa de la contracción económica. Esa visión puede estar incompleta al omitir y olvidar cómo funciona la economía actual. La explosión del consumo tras el confinamiento ha tenido que ver con disparar la inflación, pero los cortes de suministro, la crisis energética por la transición acelerada a las energías renovables y la subida de las materias primas debido a la transformación digital, también han tenido que ver con el aumento de la inflación.

Es un error extrapolar experiencias del pasado, como la estanflación de los 70 o la Gran Depresión de los 30, para analizar la crisis actual. El mundo ha cambiado, la velocidad de reacción económica es mayor y los ajustes se producen de forma casi inmediata, en entornos de permanente innovación disruptiva. Eso nos lleva a pensar en una normalización monetaria”limitado”, y en un escenario de tipos de interés a largo plazo no muy elevados.

(Ver: Japón planea reabrir completamente el país al turismo internacional).

Analizamos lo que ocurre como corrección de los profundos desequilibrios económicos del covid, y como ajuste de las valoraciones de los activos, tras la burbuja a la que llegó la extraordinaria liquidez inyectada desde abril de 2020. Corregimos los excesos y las perturbaciones económicas creadas por la burbuja del covid.

No vemos ese futuro distópico, apocalíptico, que dibujan algunos, sino un escenario de digestión larga, con bajo crecimiento estructural, pero con transformación permanente. Es más un escenario”.desinflacionario” que “deflacionista” y una economía divergente en ‘K’, con una enorme diferencia entre los países o empresas ganadores y perdedores.

(Ver: Moderna demanda a Pfizer y BioNTech por patente de vacuna contra covid).

En este escenario, Colombia no tiene por qué ser un perdedor. Tiene una población de 52 millones, un buen cuadro “macro” con la deuda externa, el déficit público en niveles muy manejables e infraestructuras digitales que facilitan el salto hacia la sociedad del conocimiento. Se necesita fortaleza institucional para ganar estabilidad social e inversión de capital para mejorar la productividad y posicionarse como una economía ganadora.

El crecimiento económico es población más productividad. Colombia ya tiene población, hay que mejorar su productividad. Como dijo el premio Nobel Robert Solow: “a la larga la productividad no lo es todo, pero lo es casi todo”. Los mercados están llamados a jugar un papel relevante en esta mejora de la productividad y canalizar adecuadamente los recursos. Al comienzo de una nueva etapa política, Colombia no debe temer un escenario global adverso que la arrastre a una situación difícil. El desafío de Colombia es consigo mismo, y su futuro depende sólo de ello.

(Ver: Incubación de covid se acorta con cada nueva variante, según estudio).

JUAN CARLOS URETA
Presidente del Banco Renta 4

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